Maras
Contenido
El fenómeno de las maras y su repercusión en Costa Rica. 2
1. De Izalco a Chapultepec. 3
a. El asesinato fundante [1930-1980]. 3
b. Guerra Civil. [1980-1992] 5
2. De Los Ángeles a la Iberia. [1992-2009] 7
a. Deportaciones masivas. 7
b. Modelo productivo liberal 8
c. Simbología e identidad juvenil 10
d. La respuesta del Estado: Política Criminal, mano dura. 13
3. Conclusiones. 15
a. Costa Rica. 15
b. El Estado y la sociedad centroamericana. 16
1. De Izalco a Chapultepec.
a. El asesinato fundante [1930-1980].
En enero de 1931, impulsado por el apoyo del campesinado, en nombre del “laborismo”, y en las únicas votaciones libres celebradas en toda la historia del país, el líder popular Arturo Araujo había conseguido derrotar al candidato de la poderosa oligarquía cafetalera, Alberto Gómez Zarate, con un apoyo cercano al 50% por ciento de los votos.
Al igual que el resto de la región centroamericana, la economía salvadoreña del siglo XX estaba apoyada en una industria agrícola basada en tres subsectores: el café, cuyo auge en el siglo XVIII había producido una consolidada clase política y económica de productores y exportadores nacionales, algunos de los cuales ya tenían suficiente arraigo económico desde la época colonial[1]; el subsector dedicado a la producción de banano, en su mayoría de capital y propiedad extranjera, ligado directamente al mercado norteamericano; y –finalmente- un subsector informal constituido por pequeñas parcelas cultivadas por pequeños campesinos, dedicado a satisfacer el mercado interno y el consumo doméstico. Dos características especiales de El Salvador con respecto a la región centroamericana, eran: primero, que sus 21.040 kilómetros cuadrados lo convierten, por mucho, en el país más pequeño de la región centroamericana (circunstancia que no permitía la migración interna del tercer subsector agrícola) y en segundo lugar, que a pesar de su reducida geografía, su población ya en 1930 era de un número cercano a los 1,5 millones de personas, lo cual significaba un efecto de lenta transformación urbana y densidad importante[2].
Araujo otorgaría personería jurídica, en 1931, al Partido Comunista Salvadoreño (PCS), en donde militaban dirigentes como Farabundo Martí, Mario Zapata y Alfonso Luna, y por primera vez este partido tendría posibilidad de participar en las elecciones de 1932.
Sin embargo, el 2 de diciembre de 1931 se produjo un golpe de estado por parte de suboficiales y clases del ejército, que en pocas horas entregarían el poder al general Maximiliano Hernández Martínez, anterior vicepresidente y ministro de Defensa de Araujo[3].
En las últimas horas del 22 de enero de 1932, miles de campesinos en la zona occidental de El Salvador, se alzaron en rebelión contra el régimen político-militar de Hernández.
Sumido en una profunda crisis a raíz de la caída de los precios del café y la recesión de 1929, el hecho consumaba el colapso del país. El levantamiento campesino ponía de manifiesto explícito el descontento general causado por la insuficiencia del sistema económico, la distribución desigual de la tierra, y en general, la incapacidad del Estado y la clase político-económica salvadoreña de hacer una transición progresista de un sistema rural a un sistema urbano.
El resultado del levantamiento fue cerca de 35 mil muertos.
Este momento histórico tan convulso puede ser entendido como el nacimiento de El Salvador como Estado Nacional.
Este aspecto es importante para entender –sin acudir a falacias naturalistas- que la violencia estructural tiene raíces profundamente asentadas en el contexto social del país. La constitución de El Salvador como Estado, como sociedad, como país, inicia con un hecho traumático, violento, lo cual podría entenderse como el inicio de un ciclo generacional de identidad en el cual el pandillero juvenil encuentra identificación y pertenencia[4].
b. Guerra Civil. [1980-1992]
Martínez gobernó durante más de doce años (1932-1944). Su régimen gozaba tanto del apoyo de la clase militar como del sector conservador, y esta tendencia se mantendría, con algunas variables formales más que de fondo, incluso hasta inicios de la guerra fría, con los gobiernos de Oscar Osorio (1950-1956) y Jose María Lemus (1956-1960), del Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD) que luego se convertiría en el Partido de Conciliación Nacional (PCN), que logró mantenerse en el poder mediante la presidencia del general Napoléon Romero, hasta 1979.
Mientras tanto, durante la década de entrada de la guerra fría, eventos como la revolución cubana animaban la conformación y reforzamiento del Partido Comunista Salvadoreño, renovado con nuevos militantes sindicales y estudiantes. Es así como en 1971, el secretario general del Partido, Cayetano Carpio, abandona el Partido Comunista Salvadoreño para fundar una organización político-militar que reunía varias fuerzas de oposición, y que entre éstas contaba con el apoyo de Schafik Handal, personaje todavía activo políticamente hasta fechas muy recientes[5]. A esta organización se le llamó las “Fuerzas Populares de Liberación-Farabundo Martí”. Su nombre obedecía al legado que esta organización tomaba del dirigente de los acontecimientos de 1932.
Hacia 1979, la violencia entre el gobierno y la oposición degeneró en una guerra civil. El conflicto armado nunca fue declarado en forma oficial, pero mencionaremos algunos ejemplos para ilustrar el convulso contexto de la época, que pueden ser entendidos como desenlaces que desencadenaron el conflicto entre 1979 y 1980:
El 27 de noviembre la Brigada Anticomunista “General Maximiliano Hernández Martínez”, encubierta por la Policía de Hacienda, secuestra y luego asesina a los seis miembros del Comité Ejecutivo del Frente Democrático Revolucionario, una de las tantas corrientes de oposición.
En respuesta, el FMLN lanza, el 10 de enero de 1981, mediante fuerzas guerrilleras clandestinas la mal llamada “Ofensiva Final”[6].
El 9 de noviembre del año 1989 caería el muro de Berlín. Utilizando el marco de las Naciones Unidas como mediador, ambas partes iniciarían negociaciones de paz a partir de ese año.
El 16 de enero de 1992 se firmarían entre el FMLN y Los Acuerdos de Paz de Chapultepec.
La guerra dejaría un saldo de cerca de 75.000 muertos.
2. De Los Ángeles a la Iberia. [1992-2009]
a. Deportaciones masivas.
La guerra produciría un éxodo de más de un millón de centroamericanos hacia Estados Unidos. 70% de los centramericanos residentes en Estados Unidos en 1009 habían llegado ahí a partir de 1980 y ya en el año 2000 sumaban más de dos millones de personas[7].También se dan movimientos internos de migración entre los países centroamericanos. Para 1980, más de un medio millón de personas habían abandonado el país desde 1930, la mayoría de ellas con destino a Honduras[8].
Llegando a Estados Unidos, los centroamericanos residentes en Los Angeles se convierten en los marginados dentro de la marginación[9]. Las bandas ya radicadas en éstas zonas urbanas son conformadas en su mayoría por migrantes mexicanos de primera o segunda generación. Su arraigo étnico es muy fuerte, y adoptan mecanismos de defensa de fuerte hostilidad y exclusión.
Por otro lado, de manera posterior a los años noventa, empiezan a darse grandes y masivas deportaciones. De acuerdo con cifras oficiales, entre 1998 y 2004 fueron deportados 106 826 hondureños; 87 031salvadoreños, 64 312 guatemaltecos, y 7745 nicaraguenses.”[10]
La socióloga mexicana Gema Santamaría Balmaceda[11], divide ésta migración en cuatro grandes oleadas: Durante la segunda mitad de siglo XX; durante la década de los ochenta; en los años noventa, después de los procesos de paz en Centroamérica; y finalmente, la oleada actual que inicia a finales de los noventa a causa de la crisis económica y de los efectos devastadores del huracán Mitch. La tercera oleada, señala Santamaría, fue especialmente desordenada y abrupta, “no estableció mecanismos de coordinación que permitieran a los países receptores identificar de manera efectiva a los deportados que tuvieran antecedentes penales.
La deportación por parte de los Estados Unidos después del proceso de paz, en vez de reducirse u organizarse, se intensificó, mediante la ley “Illegal Reform and Immigrant Responsability Act” (IIRAIRA) de 1996, en la administración de Bill Clinton.
b. Modelo productivo liberal
Es importante señalar que desde los años ochenta, los modelos industriales y productivos de la región respondían a la sustitución de importaciones, el Mercado Común Centroamericano, y el establecimiento de Zonas Francas, lo cual proporcionó la proliferación de maquilas y modelos de producción en serie que procuraban la inversión directa y la manufactura.
Entre 1950 y 1980, la población urbana de El Salvador creció del 18 al 44 por 100 del total, y la ciudad pasó de una población de 116 000 a 700 000 habitantes. Este número parece normal para la media de la región, sin embargo, para 1970, El Salvador tenía una densidad demográfica de 843 habitantes por kilómetro cuadrado, lo cual significaba 5 veces el promedio centroamericano[12].
Este modelo productivo además fue sustentado por la ideología política de ARENA, partido liberal que se mantuvo en el poder en el país durante la última fase histórica de El Salvador desde el proceso de pacificación (1989-2009).
El Partido Alianza Republicana Nacionalista fue fundado originalmente por Roberto d’Aubuisson en 1984. D’Aubuisson fue acusado de organizar los escuadrones de la muerte, y de ser el autor intelectual del asesinato de Monseñor Romero. Finalmente estos cargos fueron atribuidos a él directamente en el Informe “De la Locura a la Esperanza”, de la Comisión de la Verdad para El Salvador, entidad que se formó con posterioridad a la finalización del conflicto, para investigar crímenes cometidos contra la población civil. D’Aubuisson participa inicialmente como candidato presidencial en 1984, y resulta ganador José Napoleón Duarte, representante de Partido Demócrata Cristiano, un partido de tendencia más socialdemócrata o de centro-derecha.
D’Aubuisson fue presidente de la Asamblea Constituyente de 1982 a 1985 y diputado de la Asamblea Legislativa de 1985 a 1992. ARENA ganaría los comicios de 1989 y se nombraría como presidente de la Nación a Alfredo Cristiani. Bajo su administración se inician y se firman las gestiones de paz con el FMLN y el Acuerdo de Chapultepec.
Con D’Aubuisson y Cristiani daría inicio el gobierno del Partido ARENA, el cual se mantuvo en el poder en El Salvador por cerca de veinte años: Alfredo Cristiani (1989-1994); Armando Calderón Sol (1994-1999); Francisco Flores (1999-2004) y Elías Antonio Saca González (2004-2009) son los presidentes de ARENA, quienes impulsan las políticas de “mano dura” para enfrentar el fenómeno de violencia desmilitarizada. Para las elecciones de 2009, el candidato oficial de ARENA era el antiguo director de la Policía Nacional Civil (PNC), Rodrigo Avila. Por primera vez en veinte años, el ganador de las elecciones fue Mauricio Funes del partido opositor, el FMLN.
Este cambio en el modelo productivo, pasó a ser un modelo que abandonaba la producción agrícola, pasando a un modelo industrial-urbano todavía más flexible y dependiente de otras economías, y con aún menor redistribución de los ingresos y posibilidades de movilidad social.
Actualmente, El Salvador es uno de los países principales cuyo nivel de remesas familiares supera el 14% del Producto Interno Bruto (PIB) ya que anualmente se reciben más de 2,000 millones de dólares, representando el 150 % de las exportaciones y el 38% de las importaciones[13].
Esta relación entre modelo económico-productivo tiene una gran importancia a la hora de definir patrones de identificación dentro de las pandillas juveniles.
c. Simbología e identidad juvenil
Un gran grupo de migrantes centroamericanos, como producto de la guerra, perdieron el componente familiar dentro de su habitualidad, por lo que al reubicarse en Centroamérica, pierden un componente de pertenencia e identidad básico y esencial para la definición de su personalidad. Para algunos autores, este elemento de identidad es suplantado por la pandilla, quien le ofrece a los jóvenes elementos de identificación que no recibiría de otra forma.
Varios autores coinciden en que una de las principales causas de la génesis de las maras, es el “marco de referencia identitario que resuena positivamente en el repertorio cultural de los jóvenes del área centroamericana.”[14] Es decir, que formar parte de una pandilla refleja ciertos simbolismos de poder que son finalmente la causa que seduce a muchos jóvenes a participar de una actividad que pone en riesgo su vida e integridad.
Es decir, que el lenguaje de pandillas recoge una serie de simbolismos sobre respeto, pertenencia, identidad y poder, valores que aparecen como inaccesibles de otra forma para los miembros de las pandillas juveniles.
Veamos algunos ejemplos del léxico pandilleril propio de las maras:
Mara: La palabra “mara” deriva del nombre de las hormigas marabuntas, en alusión un tipo de hormiga de carácter supuestamente violento. En algunos lugares de Centroamérica, también se habla de “mara” como sinónimo de gente, para designar numerosos grupos de personas. Las dos vertientes principales de estas pandillas son la “Mara Salvatrucha” (MS 13) y la Mara 18 (MS 18). “Salva” por salvadoreño, y “trucha” como sinónimo de “estar atento”. La Mara Salvatrucha también es conocida en Estados Unidos como la MS-13 y aglutina cerca de un 64% de los pandilleros del país. La mara del Barrio 18th (18th Street) hace alusión a la calle del Barrio de los Angeles en donde se inició su conformación.
Clikas: La clica o clicka, es el barrio, referente geográfico-cultural de pertenencia muy importante. El Salvador está divido en 14 departamentos (provincias), éstos a su vez divididos en 22 Municipios. El Departamento de La Libertad cuenta con dos de los municipios más afectados por las pandillas juveniles, que son Santa Tecla y la Libertad, en éste último se encuentra la clica “la Iberia”. Tonacatepeque, es otro municipio emblemático en la materia, debido a que en esa zona se encuentran tres reformatorios para menores. Estos reformatorios han evidenciado la improvisada política criminal con la ejecución de los planes de mano dura, al detenerse cerca de 16 000 pandilleros cuando la capacidad máxima de estos centros de reclusión era de 7 300 reos.
El Brinco: El brinco es el ritual de iniciación. Consiste en golpear al iniciado durante un tiempo prolongado, y simboliza la aceptación del sujeto como pandillero.
Homeboy, homie: El simbolismo y los signos externos de las pandillas contiene inevitablemente un referente de contenido industrial, con influencia de los Estados Unidos. Su “slang” o lenguaje vernáculo está compuesto por neologismos anglicismos, como homeboy o homie (distintivo equivalente a “compadre”). Es común que los sombreros o camisetas de equipos de basketball o de beisbol de Estados Unidos sean equivalentes a símbolos de status. También son comunes los tatuajes, algunos con estilo gótico, y los referentes simbólicos religiosos, como la Virgen de Guadalupe. La imagen de esta Virgen deriva directamente de un legado relacionado con las bandas mexicanas radicadas en Los Angeles en los años 80, las cuales se relacionaron directamente con los orígenes de las pandillas salvadoreñas. Los tatuajes generalmente son medios de intimidación y narran historias, como pequeños resúmenes de un record delictivo. Sin embargo, este instrumento originalmente de intimidación, últimamente es una costumbre de las pandillas que se ha dejado de practicar, debido a la legislación antimara que permitía la detención con base en el sólo hecho de portar tatuajes.
Señales de manos: Las señales de manos son frecuentemente utilizadas por los pandilleros para simbolizar su afiliación a un bando. Dos documentales de obligada referencia en la materia son: a. del Discovery Channel, “Las maras: amenaza regional[15]”, y b. “La vida loca[16]”, del español-francés de origen argelino Cristian Poveda. En estos documentales se
Poveda fue un documentalista cuyo mérito -para algunos- fue el de “humanizar” el rostro de los pandilleros. Acudiendo a un sentido de estética, su filmografía retrataba un carácter más personal de los pandilleros, logrando retratar su lado más vulnerable y documentando confesiones y escenas en donde aparecían jefes de las pandillas llorando a sus amigos y familiares perdidos. Tal vez debido a ésta riesgo de vulnerabilidad, y bajo circunstancias inciertas, Poveda fue asesinado el pasado 2 de Setiembre por un miembro de la mara salvatrucha.
En ambos documentales, bajo puntos de vista muy disímiles, aparece la juez Aida Luz Santos, jueza del Juzgado de Ejecución de la Pena del departamento de La Libertad. La judicatura ha tenido un papel políticamente decisivo en la implementación y constitucionalidad de los planes de mano dura, desaplicando –sin dictamen o declaración de inconstitucionalidad-, normas que el juez considera lesivas a los derechos humanos. Los jueces y magistrados que se negaron a aplicar las leyes por considerarlas inconstitucionales sufrieron campañas de desprestigio y de un supuesto blando criterio para aplicar la ley.
El hecho de que los mareros se comunicaran ágilmente por señales de manos, dio lugar a una legislación que permitía su detención por el sólo hecho de que comunicarse por esta vía constituía un indicio. Esto traía aparejada la detención de sordomudos, cuyas detenciones terminaban en sobreseimientos. Este es uno de los aspectos de política criminal desarrollados por el gobiernos salvadoreño en relación con el fenómeno de las maras que han sido más criticados por los sectores que se oponen a la mano dura. Examinaremos de seguido la evolución legislativa de esta política criminal.
d. La respuesta del Estado: Política Criminal, mano dura.
La paz no fue suficiente. Algunos estudios concluyen certeramente que los procesos de pacificación no fueron lo que se esperaba. “El fin de las guerras y la democratización no dieron lugar a sociedades pacíficas”[17]. En realidad, pareciera que los tratados de paz simplemente significó la des-institucionalización del conflicto, es decir, el tránsito de los enfrentamientos desde lo militar al plano de la sociedad civil.
Entre los años 2001 al 2005, los Estados centroamericanos del triángulo norte ensayaron una serie de políticas criminales de mano dura mediante legislación de carácter punitivo. En el Salvador, especialmente durante los gobiernos de Francisco Flores y Antonio Saca, se aplican los siguientes planes de intervención[18]:
En el 2003 se promulgan: el Plan Mano Dura; la Ley Antimaras y la Ley para el Combate de las Actividades Delincuenciales de Grupos o Asociaciones Ilícitas Especiales (Segunda Ley Antimaras). En el 2004 se refuerza el marco punitivo. Aún cuando la Ley Antimaras fue declarada parcialmente inconstitucional, ese mismo día la Asamblea Legislativa refuerza la política de represión mediante una nueva ley anti-maras. Se refuerza la actividad punitiva mediante una Ley Penal Juvenil, la Ley de Vigilancia y Control de Ejecución de Medidas al Menor Infractor; el Plan Super Mano Dura; la creación de la Secretaría de la Juventud y del Plan Nacional de Juventud, y se realizan diversas reforman a las leyes penales. Finalmente en el 2005 se atenúa la corriente punitiva y se aplica, por presión de organismos internacionales y ONG´s el Plan Mano Amiga y el Plan Mano extendida, que son políticas criminales más ligadas a la prevención general positiva.
Los reformatorios de Conacatepeque, por ejemplo, evidenciaron la improvisada política criminal con la ejecución de los planes de mano dura. La sobrepoblación penitenciaria, aumentada exponencialmente mediante la política criminal de mano dura, produjo no sólo la saturación de los reformatorios, sino además la profesionalización de las pandillas mediante espacios de convivencia permanentes –elementos con el que no contaban hasta ese momento-, y la afiliación de miembros que circunstancialmente terminaron siendo detenidos.
En conclusión, la política de mano dura demostró ser un total fracaso[19]. Señala Geoff Thale: “Según las estadísticas de la policía salvadoreña, entre julio de 2003 y agosto de 2004 fueron detenidas 19.275 personas por pertenecer a pandillas. En un alarmante ejemplo de lo que sucede cuando se deja que la policía realice detenciones con criterios arbitrarios, 17 540 de los 19 275 detenidos fueron liberados casi inmediatamente, por falta de pruebas. Solamente en el 9% de los casos la policía tuvo pruebas suficientes de los cargos que había presentado contra los detenidos”.
Lejos de otorgar seguridad y protección a la sociedad civil, mediante las políticas de mano dura el Estado elevó la percepción y el nivel de violencia.
3. Conclusiones
a. Costa Rica
Otros países de la región ya pasaron por el aprendizaje de la violencia estructural, y trabajan en planes de prevención general positiva. Desde organizaciones privadas no gubernamentales como Homies Unidos (www.homiesunidos.org), hasta la política institucional del FMLN mediante la elección de Mauricio Funes, significan un cambio de rumbo en el tema. Costa Rica, sin embargo, y de manera lamentable, marca un claro retroceso en su política criminal, al anunciar políticas de “mano firme” abiertamente en propaganda electoral para los comicios de 2010.
El número de pandilleros activos en la región centroamericana, según los estudios especializados, oscila entre 300 mil pandilleros, en aquellas estimaciones más altas, hasta un número cercano a los 34 mil miembros para los estudios más moderados[20]. A pesar del nivel de percepción de inseguridad tan alto, Costa Rica no posee los niveles de violencia y de homicidios por cada cien mil habitantes de otras áreas de la región[21]. A pesar de este hecho, los medios de comunicación han anunciado la detención de mareros como la evidencia de que las organizaciones criminales se han apoderado del país, sumiendo a la población en un estado de alarma constante[22]. Algunos intelectuales costarricenses, le restan importancia al tema, y señalan que no hay presencia de mareros en Costa Rica ni estudios sobre el tema[23]. Las recientes detenciones de un total de 12 sujetos, hechas en la zona sur del país, no arrojan mayores interpretaciones sobre la presencia de “maras” en el país, ya que bien podrían ser detenciones circunstanciales debido al gran número de pandilleros que circulan por la región centroamericana, y porque tampoco dicen nada sobre la jerarquía de estas personas dentro de la pandilla, sus operaciones o posible organización.
El principal resultado de esta investigación en cuanto a la diferencia de Costa Rica con otros países de la región, consiste en evidenciar que el trasfondo histórico de ambas sociedades es diametralmente opuesto en lo que se trata de violencia estructural. La guerra civil de Costa Rica y las secuelas de su institucionalización, no puede compararse con el trauma social del inconsciente colectivo de otras sociedades centroamericanas. Este factor tiene que considerarse abiertamente a la hora de plantear política pública en materia de seguridad ciudadana.
b. El Estado y la sociedad centroamericana
- Si bien es cierto el argumento es importante -y esto no significa que los Estados nacionales deban rehuir esa responsabilidad-, el tema de la seguridad ciudadana más que una causa del Estado, resulta ser una consecuencia de otros factores.
- Una corrupción institucional sostenida, por ejemplo, impide la realización de los fines para los cuales el Estado fue concebido. Objetivos como educación, cultura, vivienda, salud, desaparecen ante el constante desfalco de los erarios públicos. Este factor parece incidir más directamente sobre la calidad de vida de la sociedad civil, posibilitando la desprotección del administrado, que las aparentes olas de migrantes delincuentes que falsamente los medios acusan de infiltrarse en el país.
- La mayoría de los especialistas coinciden en el que el fenómeno de las maras es multicausal y plurifactorial. Sorprende entonces, que la gran mayoría de los análisis no contemplen las políticas económicas como parte de su marco teórico. Algunos elementos de los estudios, como el análisis etimológico del origen del término “mara” o “salvatrucha; los números de deportados en Centroamérica durante los años 80, o la simbología de los pandilleros, constituyen elementos comunes en los análisis. De hecho son lugares comunes que aparecen en cada investigación. Sin embargo, llama la atención el hecho de que no hay análisis que hagan una crítica del modelo industrial utilizado, que liguen los datos de remesas al fenómeno de la criminalización, o que al menos hagan una referencia al marco político-económico. En ese sentido, las investigaciones se vuelven mono-causales, y dejan de lado el aspecto multifactorial que tanto insisten en señalar.
La principal consecuencia discursiva y metodológica que deriva de un análisis mono-causal, es un infortunado traslado del fenómeno delictivo al personaje del pandillero. Es decir, bajo la concepción humanista que nos rige, toda persona posee libre albedrío. Esta capacidad de discernimiento es lo que produce la reprochabilidad de una conducta. Sin embargo, al limitarse las condiciones humanas de salud, trabajo, educación y calidad de vida en general, las alternativas se reducen a dos: matar o que me maten. Un análisis que estudie el fenómeno de las maras desde el discurso de la seguridad ciudadana, reduce considerablemente las causas que le dieron origen. Anula la causalidad de los sistemas económicos, políticos, macrosociales, y convierte un análisis que debe ser social a un análisis aisladamente individual, proyectando la imagen del problema como la figura del pandillero y su dilema moral. En esa ecuación y reducción del análisis, también quedan responsabilidades impunes, como son las decisiones políticas tomadas por personajes clave, en beneficio personal y en perjuicio de la colectividad.
En este sentido, el principal resultado de este trabajo es la evidencia de la necesidad de complejizar el análisis del fenómeno de las maras; extraer el estudio del su circunscripción como problema de seguridad ciudadana, e identificando actores sociales claves, otorgándole carácter y personificación a los fenómenos macrosociales.
Bibliografía
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- Junta Revolucionaria de Gobierno (El Salvador) – Wikipedia, la enciclopedia libre
- Justicia penal juvenil, leyes anti maras
- Tribuna Democrática . Maras y mareros
Sitios de internet consultados
[1] A manera de anécdota ilustrativa, cuenta Henrietta Boggs sobre una visita que hiciera con José Figueres a El Salvador: “¿Cuándo fue construída esta casa?-pregunté. –En 1619. Tenemos los documentos originales en lo que el Rey de España le concede la propiedad a mi familia”. Boggs, Henrietta, “Casada con una leyenda: don Pepe.”. Edit.Jadine, San José, 2006, p.118.
[2] Ideas extraídas de: Bethell, Leslie. “Historia de América Latina”. Tomo 14. América Central desde 1930. Cambridge University Press, 200, p. 87.
[3] Similar a la situación actual en Honduras con el gobierno destituido de Zelaya, este gobierno no fue reconocido por el gobierno estadounidense.
[4] “La Matanza fue el acontecimiento más decisivo de la historia de América Central hasta el derrocamiento de Somoza en Nicaragua en Julio de 1979. Traumatizó tanto al campesinado como a la oligarquía y echó los cimientos de un régimen de cuarenta años, que a pesar de prolongados períodos de tranquilidad general, era fuerte porque se apoyaba en el recuerdo, tanto real como cultivado, de la violencia de 1932 y su posible repetición”. Bethell, L. Op.cit. p.90. Ver ideas sobre el asesinato fundante, basadas en las teorías de René Girard en Franz Hinkelammert: “los asesinos matan al héroe, pero hay otro grupo de asesinos que se venga de estos asesinos matándolos, la sangre del héroe es la que santifica a la sociedad, así la sangre de los asesinos es la que salva al grupo. El asesinato fundante es un asesinato de asesinos”. Hinkelammert, Franz J. El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido. Editorial Universidad Nacional. San José, 2003.
[5] Fue candidato por el FMLN en las elecciones del 2006 y participó en la toma de posesión de Evo Morales, falleciendo poco tiempo después.
[6] Esta operación fue un fracaso, pero tiene la particularidad de que a partir de ese momento, el movimiento de oposición se fracciona en células rurales, efecto atomizador importante para entender la conformación de las pandillas juveniles y del efecto de violencia estructural que examinaremos después. La Iglesia también juega un papel importante en la guerra civil de El Salvador, independientemente de la posición que quiera asumirse en cuanto a la idea de la posición política que debe asumir esa institución en el contexto social. El día lunes 24 de marzo de 1980 es asesinado monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo metropolitano de San Salvador. El 16 de noviembre de 1989, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, un escuadrón de la muerte asesinó a un grupo de 6 sacerdotes jesuitas españoles afines a la Teología de la liberación: Ignacio Ellacuría, Amando López, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes y Joaquín López y López. El elemento místico-religioso, es un componente presente a través de la ritualización de la violencia en las prácticas de pandillas juveniles.
[7] Martín Alvarez, Fernández Zubieta y Villareal Sotelo. “Difusión transnacional de identidades juveniles en la expansión de las maras centroamericanas”. En: Perfiles Latinoamericanos. Núm.30, Julio-Dic.2007,p.101.
[8] Bethell, L. Op.cit. p.100.
[9] Frase acuñada por Mario Lara Klahr, sociólogo mexicano, en el documental de Discovery Channel.
[10] Santamaría Gema. Op.cit. p.109. Datos extraídos del Anuario del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
[11] Gema Santamaría es socióloga del Instituto Tecnológico de México que ha investigado el tema a profundidad con respecto a su país, y que aparece en el documental “Maras: una amenaza regional” del Canal Discovery Channel.“Maras y pandillas: límites de su transnacionalidad. Santamaría Balmaceda Gema,http://portal.sre.gob.mx/imr/pdf/04GemaS.pdf
[12] Bethell, L. Op.cit. pág.100.
[13] Silvia Elena Portal. Migración y remesas en Centroamérica y el Caribe. Revista Trimestral Latinoamericana y Caribeña de Desarrollo Sustentable.N.8, año 2004, Vol.2. http://www.revistafuturos.info/futuros_8/migrac_silvia.htm
[14] Martín Alvarez y otras. Op.cit.p.101.
[15] http://www.tudiscovery.com/maras/index.shtml;
[16] http://www.lafemme-endormie.com/vidaloca/en/vida_locaEN.html
[17] Ver “Estado de la región 2008, un informe desde Centroamérica y Para Centroamérica”. Capítulo 12, “El dilema estratégico de la seguridad ciudadana y el Estado democrático de Derecho”, p.467. http://www.estadonacion.or.cr/estadoregion2008/regional2008/capitulosPDF/Cap12.pdf
[18] “Las maras y pandillas como actores ilegales de la región”. Aguilar, Jeannette, y Carranza Marlon. IUDOP, El Salvador, 2008.p.13. http://www.estadonacion.or.cr/estadoregion2008/regional2008/ponencias/Ponencia-Aguilar-Carranza-maras.pdf
[19] Thale, Geoff. “Las pandillas juveniles centroamericanas y las respuestas de “Mano Dura”. Revista Quorum, núm. 16, p51. http–www.revistaquorum.es-quorum-16-Quorum_16-06_GeoffThale_Q16.pdf
[20] Estado de la Región, 2008. Op.cit.p.5. Generalmente el número más elevado que resalta en la doctrina procede de las estimaciones del FBI.
[21] Peetz, Peter. “Discourses on Violence in Costa Rica, El Salvador, and Nicaragua: Youth, Crime, and the Responses of the State”. German Institute of Global and Area Studies. En, GIGA Research Programme, Violence, Power and Security.N.80, Junio, 2008. www.giga-hamburg.de/workingpapers
[22] “Marero secuestró hermanos y pidió ¢6 millones por ellos”. http://www.aldia.cr/ad_ee/2009/agosto/09/sucesos2052775.html
[23] “No existen estudios inter-maras, o los que se han hecho se realizan sobre exmareros, los hay, o personas que habiéndolo sido, hoy viven casi escondidos y retirados en sus pueblitos de origen en Centroamérica”. Chase, Alfonso. http://www.tribunademocratica.com/2005/11/maras_y_mareros.html